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Manuel Gastélum

Manuel Gastélum

13 de septiembre de 2025

Masa pizza casera: el secreto para un sabor y textura de pizzería

Masa pizza casera: el secreto para un sabor y textura de pizzería

Índice

¿Sueñas con esa pizza casera que rivalice con la de tu pizzería favorita? Sé lo que sientes. La clave, sin duda, reside en una masa perfecta. En esta guía, te compartiré todos los secretos que he aprendido a lo largo de los años para que consigas una base increíblemente sabrosa, ligera y con ese borde aireado que tanto nos gusta, directamente desde tu propia cocina.

Consigue una masa de pizza perfecta con 4 ingredientes y la técnica correcta.

  • Utiliza siempre harina de fuerza (tipo "00" o con alto contenido de proteína) para obtener una masa elástica y aireada.
  • La fermentación lenta en la nevera (24-72 horas) es el secreto para un sabor y una digestibilidad muy superiores.
  • Para empezar, usa una hidratación del 60% (600 ml de agua por 1 kg de harina) para que la masa sea más fácil de manejar.
  • Precalienta tu horno a la máxima temperatura posible (mínimo 250°C) con una piedra o acero para pizza dentro durante al menos 45 minutos.

Los 4 ingredientes mágicos para una base perfecta

En mi experiencia, la magia de una buena masa de pizza reside en la simplicidad y la calidad de sus componentes. Solo necesitamos cuatro ingredientes fundamentales: harina, agua, levadura y sal. Pero no te dejes engañar por su sencillez; la elección correcta y la proporción adecuada de cada uno son el punto de partida para una pizza espectacular.

Harina: la clave está en la fuerza

Cuando hablamos de masa de pizza, la harina no es un ingrediente cualquiera. Necesitamos una harina de fuerza, es decir, con un alto contenido de proteína (especialmente gluten). Si ves la etiqueta, busca harinas tipo "00" o con un valor W superior a 300. Esta característica es crucial porque el gluten es el que nos dará esa elasticidad y estructura que permite que la masa se estire finamente y desarrolle burbujas de aire durante el horneado. Para empezar, las harinas de fuerza que encuentras en cualquier supermercado suelen ser una excelente opción.

Agua: el secreto de la hidratación y la temperatura

El agua es mucho más que un simple líquido; es el componente que define la hidratación de nuestra masa. La hidratación se refiere a la proporción de agua respecto a la harina. Para quienes se inician en este arte, mi recomendación es comenzar con una hidratación del 60% (es decir, 600 ml de agua por cada kilo de harina). Esto te dará una masa más manejable y fácil de trabajar. Sin embargo, si buscas una masa más ligera y con alvéolos más pronunciados, puedes aventurarte con hidrataciones más altas (65-75%), aunque te advierto que serán más pegajosas y requerirán más técnica.

Levadura: fresca o seca, esa es la cuestión

La levadura es el motor que hace que nuestra masa crezca y se vuelva esponjosa. Es un ingrediente vivo, y su correcta dosificación es vital. Un error muy común es usar demasiada levadura, lo que puede resultar en un sabor final desagradable, como a "pan" o "alcohol".

  • Levadura fresca: Viene en bloques prensados y suele ser la preferida por muchos profesionales por su actividad constante. Se disuelve fácilmente en agua tibia.
  • Levadura seca activa o instantánea: Es más cómoda de almacenar y usar. La levadura seca activa necesita ser rehidratada en agua tibia antes de añadirla a la harina, mientras que la instantánea se puede mezclar directamente con los ingredientes secos.

Sal y aceite de oliva: los toques que marcan la diferencia

La sal cumple una doble función esencial: aporta sabor y, lo que es igualmente importante, fortalece la red de gluten de la masa, mejorando su estructura. Nunca la olvides. Por otro lado, un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra no solo añade un aroma y un sabor maravillosos, sino que también contribuye a una textura más suave y a un ligero crujido en la corteza. Es un pequeño detalle que, te lo aseguro, marca una gran diferencia.

El proceso infalible para amasar como un profesional

Una vez que tenemos nuestros ingredientes listos, es hora de poner las manos en la masa. El amasado es un paso crucial para desarrollar el gluten y conseguir esa textura elástica que buscamos. Aquí te detallo el proceso que yo sigo:

  1. Mezcla de ingredientes secos: En un bol grande, combina la harina y la sal. Asegúrate de que estén bien integradas antes de añadir los líquidos.
  2. Integración del agua con la levadura: Disuelve la levadura (si es fresca o seca activa) en el agua tibia. Si usas levadura instantánea, puedes añadirla directamente a la harina. Vierte poco a poco el agua con la levadura sobre la mezcla de harina y sal. Si usas aceite de oliva, este es el momento de incorporarlo también.
  3. Amasado inicial: Con una cuchara de madera o con las manos, mezcla hasta que todos los ingredientes se unan y formen una masa pegajosa. No te preocupes si no está perfecta al principio.
  4. Reposos y pliegues (técnica "stretch and fold"): Este es mi secreto para un amasado eficiente. Cubre el bol con un paño húmedo y deja reposar la masa durante 10-15 minutos. Después de este reposo, estira un extremo de la masa, dóblalo sobre sí mismo y gírala un cuarto de vuelta. Repite este proceso unas 4-5 veces. Vuelve a cubrir y deja reposar. Repite esta secuencia de reposo y pliegues 3-4 veces más durante un periodo de 1 a 2 horas. Verás cómo la masa se vuelve más suave, elástica y menos pegajosa con cada pliegue.
  5. Formación de la bola y primer levado a temperatura ambiente: Una vez que la masa esté lisa y elástica, forma una bola y colócala en un bol ligeramente aceitado. Cúbrelo con film transparente o un paño húmedo y déjala levar en un lugar cálido de tu cocina (20-24°C) durante 1 a 2 horas, o hasta que duplique su tamaño.

La fermentación en frío es el secreto para un sabor superior

Si hay un paso que realmente eleva el nivel de tu masa de pizza, es la fermentación larga en frío. Este proceso no solo mejora drásticamente el sabor, dándole matices más complejos y profundos, sino que también facilita la digestión y mejora la textura, creando una miga más aireada y con alvéolos grandes. Es mi método preferido, y te aseguro que vale la pena la espera.
  • Preparación para el frío: Una vez que la masa ha duplicado su tamaño en el primer levado (o incluso después de los pliegues, si prefieres saltarte el primer levado a temperatura ambiente), divídela en porciones individuales (bollos) del tamaño deseado para cada pizza (normalmente entre 200 y 280 gramos). Forma bolas tensas con cada porción.
  • Almacenamiento en nevera: Coloca cada bollo en un recipiente hermético individual o en una bandeja con suficiente espacio entre ellos, ligeramente aceitados para que no se peguen. Tapa bien y refrigera.
  • Tiempos de fermentación:
    • 24 horas: Es un buen punto de partida para notar la diferencia. La masa desarrollará un buen sabor y será fácil de trabajar.
    • 48 horas: Mi tiempo favorito. El sabor se intensifica, la digestibilidad mejora notablemente y la masa se vuelve increíblemente elástica.
    • 72 horas: Para los más pacientes, esta fermentación ofrece un perfil de sabor aún más profundo y una masa excepcionalmente ligera.
  • Atemperado antes de usar: Es fundamental sacar los bollos de la nevera al menos 2-3 horas antes de que vayas a estirar la pizza. Esto permite que la masa se relaje, recupere su elasticidad y alcance la temperatura ambiente, facilitando el estirado.

Cómo estirar y hornear tu pizza para un resultado crujiente

Hemos llegado a la fase final, donde todo el esfuerzo de los pasos anteriores se materializa. Estirar la masa correctamente y hornearla a la temperatura adecuada son dos puntos críticos para conseguir esa pizza crujiente por fuera y tierna por dentro que tanto anhelamos.

El estirado a mano: prohíbido usar el rodillo

Aquí es donde muchos cometen un error fatal: usar el rodillo. El rodillo expulsa el aire de la masa y aplasta el "cornicione" (el borde aireado). Para una pizza auténtica, el estirado debe ser manual. Así es como lo hago:

  1. Prepara la superficie: Espolvorea una buena cantidad de harina (o sémola fina) sobre tu superficie de trabajo y sobre la bola de masa atemperada.
  2. Del centro hacia afuera: Con las yemas de los dedos, presiona suavemente el centro de la masa, dejando un borde de aproximadamente 1-2 cm sin tocar. Este será tu futuro cornicione.
  3. Estirado suave: Gira la masa y repite el proceso, estirando suavemente desde el centro hacia los bordes con las palmas de las manos o los nudillos. Deja que la gravedad te ayude un poco si la levantas y la giras en el aire.
  4. No te obsesiones con la forma: No tiene que ser un círculo perfecto. Las pizzas artesanales tienen su encanto en sus imperfecciones. Lo importante es que la masa quede fina en el centro y con un borde voluminoso.

El horneado en casa: la misión es el calor

El horno doméstico rara vez alcanza las temperaturas de un horno de leña, pero podemos simularlo lo mejor posible. La clave es maximizar el calor y la transferencia a la base.
  • Precalentamiento extremo: Este es el paso más importante. Precalienta tu horno a la máxima temperatura posible (idealmente 250-300°C) durante al menos 45-60 minutos. No tengas prisa.
  • Piedra o acero para pizza: Coloca una piedra para pizza o una bandeja de acero en la rejilla más alta de tu horno (o la segunda, si tu grill está arriba). Estos elementos acumulan mucho calor y lo transfieren directamente a la base de la pizza, dándole ese crujido perfecto.
  • Cocción rápida: Una vez estirada y con los ingredientes, desliza la pizza sobre la piedra o acero caliente. Hornea durante 5-8 minutos, o hasta que el borde esté dorado y crujiente y el queso burbujee. Si tu horno tiene función grill, puedes activarla los últimos 1-2 minutos para darle un toque extra de dorado al queso.

Soluciona los errores más comunes al hacer masa de pizza

Incluso los más experimentados nos hemos enfrentado a problemas con la masa. No te desanimes si algo no sale perfecto a la primera. Aquí te presento los errores más comunes y cómo solucionarlos rápidamente:

Problema Causa y Solución Rápida
Mi masa no sube Causa: Levadura inactiva, agua demasiado fría/caliente, falta de tiempo de levado, harina sin fuerza.
Solución: Asegúrate de que tu levadura esté fresca. Usa agua tibia (30-35°C). Dale más tiempo de levado en un lugar cálido. Utiliza harina de fuerza.
La masa está muy pegajosa Causa: Exceso de hidratación, falta de amasado, no ha reposado lo suficiente.
Solución: Para empezar, reduce ligeramente la cantidad de agua (55-60% de hidratación). Amasa más tiempo o realiza más pliegues. Deja reposar la masa en frío para que se desarrolle el gluten.
La base queda dura como una galleta Causa: Horno no suficientemente caliente, masa sobre-amasada o con poca hidratación, harina de poca fuerza.
Solución: Precalienta el horno al máximo con piedra/acero al menos 45-60 min. Usa harina de fuerza. Asegúrate de que la hidratación sea adecuada (mínimo 60%). No amases en exceso.

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¿Te ha sobrado masa? Aprende a conservarla y congelarla

Es común que nos sobre masa, o que queramos preparar una cantidad extra para tenerla lista. Afortunadamente, la masa de pizza se conserva muy bien, tanto en la nevera como en el congelador. Así es como yo lo hago:

  • Conservación en la nevera (hasta 3-4 días): Una vez que has formado los bollos individuales, colócalos en recipientes herméticos ligeramente aceitados. Asegúrate de que el recipiente sea lo suficientemente grande para que la masa pueda expandirse un poco más. Guárdalos en la nevera. Recuerda atemperarlos 2-3 horas antes de usarlos.
  • Congelación (hasta 3 meses): Esta es una excelente opción para tener masa lista en cualquier momento.
    • Después de formar los bollos, déjalos levar a temperatura ambiente durante 30-60 minutos (un levado parcial).
    • Luego, congélalos individualmente en una bandeja hasta que estén duros.
    • Una vez congelados, puedes pasarlos a bolsas de congelación herméticas para ahorrar espacio.
    • Para usar, descongela el bollo en la nevera durante la noche o a temperatura ambiente durante 4-6 horas, y luego atempéralo durante 2-3 horas antes de estirar.

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Manuel Gastélum

Manuel Gastélum

Soy Manuel Gastélum, un apasionado de la gastronomía con más de diez años de experiencia en el sector. He trabajado en diversas cocinas y he colaborado con chefs reconocidos, lo que me ha permitido adquirir un amplio conocimiento sobre técnicas culinarias y tendencias gastronómicas. Mi especialización se centra en la fusión de sabores tradicionales y contemporáneos, buscando siempre innovar en cada plato. Mi enfoque se basa en la autenticidad y la calidad de los ingredientes, ya que creo firmemente que una buena comida comienza con productos frescos y de origen local. A través de mis escritos en bestfood.es, mi objetivo es compartir recetas, consejos y experiencias que inspiren a otros a explorar el mundo de la gastronomía, fomentando una conexión más profunda con la comida y la cultura que la rodea. Comprometido con la veracidad y la precisión, me esfuerzo por ofrecer información confiable que ayude a los lectores a mejorar sus habilidades culinarias y a disfrutar de la cocina de una manera más consciente y creativa.

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